Ser humano es un fenómeno de comunicación. Vivimos en cuanto percibimos y compartimos. Este es un espacio para alcanzar a la mayor cantidad posible de otros seres humanos y compartir lo que vivo, pienso y juzgo.

lunes, 5 de febrero de 2007

Andres L. Mateo

SOBRE EL TIEMPO PRESENTE

Filosofando como un pendejo
(Fuente: www.clavedigital.com)

La elección de Amable Aristy Castro a la Liga Municipal Dominicana, electo a unanimidad (y recibido con aplausos) por los tres grandes partidos del sistema, me ocasionó un súbito despliegue de mi imaginación filosófica, y me puse a discurrir sobre los pendejos.

La elección de Amable Aristy Castro a la Liga Municipal Dominicana, electo a unanimidad (y recibido con aplausos) por los tres grandes partidos del sistema, me ocasionó un súbito despliegue de mi imaginación filosófica, y me puse a discurrir sobre los pendejos.
Los pendejos son, históricamente, quienes nunca se han aprovechado de la riqueza pública. Son seres de buena fe descendidos de otro universo que alimentaron la manía sacrosanta de recordar el catecismo, cuando las briznas de las tentaciones les nublaron el pensamiento. Los pendejos tienen desplegadas la curvatura de la ingenuidad, y el brillo de las pompas de los políticos de turno les hace creer que ellos tienen la esbeltez resistente ante los privilegiados, que se enriquecen mágicamente desde los cargos públicos, y siguen siendo honorables.
Los pendejos son el plural masivo, el predicado de los corruptos, la burla que se zambulle en la risita del oportunista trajeado a la última moda, con buenos carros y residencias suntuosas, encopetados en la tribuna pública por que se saben pertenecientes a un arribismo que no se inquieta por el honor, que se repite su tipo una y otra vez en la historia, como si fuera una fatalidad particular del mundo americano, diluida en una duración que arrancó con el inicio mismo de nuestras naciones.
Es sobre el abatimiento de los pendejos, su marginalidad e instrumentación, que las castas políticas corruptas se han enseñoreado en nuestro país, al igual que en casi todos los países americanos. Es, sin embargo, sobre el mal inminente de los defectos recuperados, que los pendejos un día conocerán el rostro de su rebelión. Hace ya unos años, el fallecido intelectual venezolano Arturo Uslar Pietri, llamó a una marcha nacional de todos los pendejos, y el pedido prendió como llama saltando en un pajonal, puesto que Venezuela estaba estremecida por la corrupción. Todos sabemos lo que le ocurrió a esa casta política venezolana. Ciento sesenta y tres años de vida republicana, ciento veintidós de autoritarismo, un cúmulo incontable de decepciones históricas, obligan a que los pendejos dominicanos, aunque sólo sea simbólicamente, tomen la palabra. Son los pendejos los que levantan la lenta concreción de las virtudes, que crece en el silencio de observar callados a tantos turpenes que se roban el patrimonio social, sin que la justicia centelleante de los hombres les alcance la solapa del saco malhabido. La corrupción se vincula con un orden histórico particular, con un manejo del poder, con una concepción patrimonial del Estado, y no con las grandes formas neutras de la naturaleza humana. La corrupción no es una naturaleza, una esencia de la dominicanidad, como nos quieren hacer creer. Son los corruptos quienes creen que el pendejo es un pendejo por naturaleza. Aunque, no se puede negar, hay un estallido inocultable en la población dominicana, que genera un sentimiento de frustración colectiva cabalgando en la historia, encerrado como un estigma en la palabra pendejo.
Los pendejos son el plural masivo, el predicado de los corruptos, la burla que se zambulle en la risita del oportunista trajeado a la última moda, con buenos carros y residencias suntuosas, encopetados en la tribuna pública por que se saben pertenecientes a un arribismo que no se inquieta por el honor, que se repite su tipo una y otra vez en la historia, como si fuera una fatalidad particular del mundo americano, diluida en una duración que arrancó con el inicio mismo de nuestras naciones.
Es sobre el abatimiento de los pendejos, su marginalidad e instrumentación, que las castas políticas corruptas se han enseñoreado en nuestro país, al igual que en casi todos los países americanos. Es, sin embargo, sobre el mal inminente de los defectos recuperados, que los pendejos un día conocerán el rostro de su rebelión.
Hace ya unos años, el fallecido intelectual venezolano Arturo Uslar Pietri, llamó a una marcha nacional de todos los pendejos, y el pedido prendió como llama saltando en un pajonal, puesto que Venezuela estaba estremecida por la corrupción. Todos sabemos lo que le ocurrió a esa casta política venezolana.
Ciento sesenta y tres años de vida republicana, ciento veintidós de autoritarismo, un cúmulo incontable de decepciones históricas, obligan a que los pendejos dominicanos, aunque sólo sea simbólicamente, tomen la palabra.
Son los pendejos los que levantan la lenta concreción de las virtudes, que crece en el silencio de observar callados a tantos turpenes que se roban el patrimonio social, sin que la justicia centelleante de los hombres les alcance la solapa del saco malhabido.
La corrupción se vincula con un orden histórico particular, con un manejo del poder, con una concepción patrimonial del Estado, y no con las grandes formas neutras de la naturaleza humana.
La corrupción no es una naturaleza, una esencia de la dominicanidad, como nos quieren hacer creer. Son los corruptos quienes creen que el pendejo es un pendejo por naturaleza. Aunque, no se puede negar, hay un estallido inocultable en la población dominicana, que genera un sentimiento de frustración colectiva cabalgando en la historia, encerrado como un estigma en la palabra pendejo.
Quizás la tanta burla de los políticos dominicanos haga pasar a los pendejos de objeto a conciencia, como el aldabonazo que "La marcha de los pendejos", convocada por Arturo Uslar Pietri, desencadenó en los venezolanos. Quizás algún día no me llegue la indignación frente al televisor, mirando a los tres grandes partidos del sistema (PLD,PRD,PR) proponerme un paradigma triunfador como "don" Amable, estrujárselo a los jóvenes en la cara como modelo de realización; y arrojarme sobre el computador a redactar estas notas, en la que filosofo como un pendejo.

1 comentario:

Violeta Romero dijo...

Me hizo recordar a los cronopios de Cortázar y su continua incompatibilidad con los famas.